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La neurociencia del caos vial

No es relajo, voy a explicar lo que sucede dentro del cerebro humano de los conductores para tratar de entender por qué actuamos como animales en la vía. Lo increíble es que hay una explicación científica para el comportamiento salvaje en el tráfico, y de paso voy a anunciar las buenas noticias ahora. La primera buena nueva es que no somos el segundo país con más muertes por accidentes de tráfico del mundo, según la OMS, porque seamos el segundo pueblo más estúpido del planeta. La segunda noticia alentadora es que, dado que no somos ni más estúpidos ni más animales que el resto de nuestros congéneres frente a un volante, existen soluciones para que mejore el comportamiento de los conductores y disminuyan los accidentes de tráfico. Las malas noticias las guardo para el final, junto a la posible solución al problema.

¿Qué pasa dentro de la cabeza de un infractor, cuando pienso en él desde mi oficina, o de un animal al volante, cuando lo estoy viendo frente a mí y quisiera ahorcarlo? Gracias a varios estudios de neuroeconomía, analizando con escáner cerebrales la toma de decisiones en grupos de individuos que cooperan, y en grupos que no cooperan, se puede explicar neurológicamente el caos vial en República Dominicana. Cuando hacemos una acción en un grupo, y otras personas en el grupo cooperan con nosotros, se activan las zonas de procesamiento del placer en el cerebro, lo cual nos motiva a seguir cooperando con los otros individuos del grupo. Pero cuando hacemos una acción y nos responden con un comportamiento no cooperativo (por ejemplo, usted se coloca correctamente en la fila de la izquierda para doblar en esa dirección, y que el salvaje a su derecha hace un giro en U delante de usted y casi lo choca), se activan las zonas de procesamiento del dolor y de los sentimientos negativos, lo cual nos empuja a dejar de cooperar nosotros también.

Por lo tanto, si en el tráfico todos cooperaran comportándose civilizadamente, respetando las reglas y los derechos viales de los demás, nuestros centros de procesamiento del placer se activan mientras manejamos, y moverse de un lado a otro en un vehículo en esta bella isla sería una experiencia maravillosa. Pero si solo una pequeña parte de los conductores se comportan como salvajes y pisotean nuestros derechos, se activan nuestros centros de procesamiento del dolor, y nos volvemos unos animales furiosos y vengativos nosotros también. De hecho, otra conclusión interesantísima de  los estudios de neuroeconomía con y sin cooperación es que, si a una persona que coopera se le inflige un dolor, solo de mirarla la otra persona también “siente” dolor al activárseles las mismas zonas del cerebro de procesamiento del dolor. Pero si una persona que no coopera siente dolor, en las mujeres se activa poco la zona del dolor, por lo que tienen poca empatía, pero en los hombres se activa la zona del placer, por lo que se sienten felices cuando a un animal en la vía le pasa algo malo. Esa es la explicación neurológica del deseo de venganza, que lo sienten en particular los hombres, y el por qué incluso los que criticamos a los infractores a veces cometemos infracciones también. El ojo por ojo del antiguo testamento es de hecho un tema masculino

La mala noticia, entonces, es que basta con que un pequeño grupo de individuos no coopere para que todo el grupo de conductores deje de respetar las reglas. Esto se ha solucionado en estudios experimentales introduciendo castigos para los infractores. Por lo tanto la solución es que la policía penalice las infracciones. Esa es la última mala noticia, ya que dependemos de un cuerpo policial negligente y mal preparado. Pero hay que pelear porque esto cambie, o los que no sepan de neurociencias como nosotros se dirán que somos simplemente los más brutos del planeta tierra. 

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